Alexandra Pita González (Compiladora), Redes intelectuales transnacionales en América Latina (Ciudad de México: Universidad de Colima- Miguel Ángel Porrúa, 2016)

  • Gabriel Samacá Alonso El Colegio de México

Resumen

Reseña


Alexandra Pita González (Compiladora), Redes intelectuales transnacionales en América Latina (Ciudad de México: Universidad de Colima- Miguel Ángel Porrúa, 2016).


Por: Gabriel Samacá Alonso.

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Biografía del Autor

Gabriel Samacá Alonso, El Colegio de México

Historiador de la Universidad Industrial de Santander, Maestro en Historia de la Universidad Industrial de Santander y Maestro y Doctorando en Historia por El Colegio de México. Correo electrónico: gsamaca@colmex.mx

Publicado
2017-11-13
Como citar
SAMACÁ ALONSO, Gabriel. Alexandra Pita González (Compiladora), Redes intelectuales transnacionales en América Latina (Ciudad de México: Universidad de Colima- Miguel Ángel Porrúa, 2016). Historia y Espacio, [S.l.], v. 13, n. 49, p. 273-278, nov. 2017. ISSN 2357-6448. Disponible en: <http://historiayespacio.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/5857>. Fecha de acceso: 16 dic. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/hye.v13i49.5857.

Los tiempos que corren han puesto de presente la necesidad de asumir la interconexión como un elemento fundamental para pensar y hacer historiografía. Historia global, conectada o cruzada, son algunas de las denominaciones que enfatizan la interdependencia, la interrelación y la integración de los procesos históricos, sean estos sociales, económicos, geopolíticos o culturales1. El trabajo que coordina la profesora Alexandra Pita González, compuesto por una introducción y diez estudios sobre Argentina, México, Venezuela, Brasil y Cuba, representa un esfuerzo significativo por entroncar la historia intelectual con dicho enfoque. Para ello, el grupo de investigación que soporta la obra acude a una herramienta particular: el análisis de redes en las ciencias sociales. Con resultados disímiles, la obra constituye una apuesta valiosa por repensar la historia de los intelectuales y sus soportes impresos en un periodo de agudos debates en torno a las identidades nacionales que se fraguaron más allá de las fronteras político-administrativas.

El concepto de red social que permea el trabajo remite a un “[…] conjunto delimitado de actores -individuos, grupos, instituciones u organizaciones- que se encontraron vinculados en un momento dado […] para enfatizar el valor de la relación como principio estructurante de los comportamientos de un grupo de actores entrelazados”2. Al pretender centrarse en el estudio de las relaciones y vínculos entre los intelectuales mediados por la amistad, la camaradería y el intercambio de bienes materiales y simbólicos, esta opción metodológica no deja de lado los lugares de sociabilidad, las generaciones y los itinerarios particulares de los intelectuales. El análisis de redes “se concentra en reconstruir los vínculos que existieron al interior de un grupo o entre un conjunto de individuos, instituciones u organizaciones, para explicar cómo se conformaron y de qué forma, al agruparse, influyeron en un momento histórico”3.

La invitación al análisis de las redes intelectuales no se queda en el vacío o en la mera abstracción. Por el contrario, los autores conciben las revistas culturales como la manera concreta de estudiar la conformación y funcionamiento de redes específicas. Incluso, algunos trabajos consideran las revistas mismas como redes en las que se pueden rastrear afinidades y preocupaciones compartidas. A partir de ello, es posible hacer énfasis en las conexiones y posiciones de diferentes agentes en su condición de núcleos o intermediarios en las redes. Estudiar los impresos periódicos como manifestación de una red permite también comprender con mayor profundidad los debates, las discusiones, las colaboraciones y las posiciones de las publicaciones en función de contextos discursivos más amplios. Al pensar las prácticas intelectuales en sus interconexiones, se aprecia la construcción de “espacios metanacionales” -como plantea Eduardo Devés- que articulan centros y periferias a través de redes que buscan alcanzar un lugar a nivel internacional.

El carácter transnacional de las redes intelectuales que se propone en esta obra implica la influencia nacional y la “internacionalización de las fronteras culturales” a través de la circulación de saberes por diferentes medios4. Temporalmente, Redes intelectuales está dedicado a un periodo especialmente sensible a la proliferación de contactos entre grupos, revistas y personajes más allá de los límites nacionales: los años de entreguerras. Acontecimientos como la Gran Guerra (1914-1918), los centenarios de las independencias a nivel continental, el impacto de la Guerra Civil Española (1936-1939) y las discusiones en torno al hispanismo, el panamericanismo y el latinoamericanismo, dan forma al marco temporal en que se desarrollan los trabajos incluidos en este volumen. Como bien lo señala la compiladora, las redes abordadas en el libro “son parte de un clima intelectual en un periodo que se nutre de determinadas ideas […] y comparten mecanismos y modos de circular estas ideas a través de las revistas”5.

A pesar de estas referencias generales, el uso e interpretación del enfoque por parte de los autores se tradujo en resultados disímiles en calidad y profundidad. De esta forma, el trabajo sobre las redes político-intelectuales venezolanas en torno al Plan Barranquilla sobredimensiona una serie de contactos epistolares de personajes como Rómulo Betancourt para asimilarlos a la categoría de red egocéntrica, sin detenerse en la carga semántica de este concepto. En contraste, un uso más riguroso del enfoque se ofrece en los trabajos sobre la red Clarté y la promoción del pacifismo entre 1918 y 1938 y la difusión de un discurso latinoamericanista en una de las últimas experiencias periodísticas de José Ingenieros. En el primer texto, además de la pertinente distinción analítica entre grupos intelectuales, revista y red, se presenta una interesante visión panorámica de las redes de intelectuales impulsoras del pacifismo en tres nodos: México-Guatemala, Argentina y Chile.

El cuidado en el empleo de esta perspectiva analítica también se da en el trabajo dedicado al Boletín de Ideas, Libros y Revistas de América Latina de Ingenieros. La pregunta que guía el texto remite a la diferenciación entre la trayectoria de una red intelectual y la de una revista. En este trabajo se asumen las publicaciones periódicas como prácticas intelectuales en sí mismas y como soportes materiales6. Igualmente, la autora distingue el contacto entre personajes o publicaciones y la condición de ser miembros de una red con el fin de precisar el sentido de la noción de red. Otro aporte relevante de este capítulo consiste en hacer hincapié en la especialidad de la difusión de los discursos, su densidad y la constitución de nodos a través de relaciones de cooperación y articulación en contra de un enemigo común7.

Por su parte, el trabajo dedicado a la revista mexicana Ulises (1927) descuida el análisis y reconstrucción de la red en torno a la revista por darle un mayor peso e importancia a las relaciones generacionales en el marco de la historia literaria de México. Caso diferente sucede con el texto sobre la revista anarquista argentina Campana de Palo, que deja ver la importancia y pertinencia de explicitar la manera como se asume el análisis de redes. Al entender la revista como una red en sí misma, la autora enfatiza en las trayectorias de los principales creadores intelectuales que se nuclearon alrededor de la publicación, la conformación del grupo editor, los trasvasamientos y relaciones entre publicaciones que dieron forma a una red de revistas.

Los trabajos que incluye este libro también se refieren a grupos y debates intelectuales considerados como tradicionalistas. De esta forma, el capítulo que trata de la revista mexicana Ábside en la segunda mitad de los años treinta confirma que temas como el hispanismo y el nacionalismo conservador también pueden ser abordados desde el enfoque de redes. A partir de un contexto político y cultural que ayuda a comprender la línea editorial de la revista y sus redactores, la autora se interesa por estudiar la circulación y recepción de la misma. Para ello analizó las reseñas de los libros que aparecieron en sus páginas con el fin de determinar las relaciones con imprentas, editoriales y publicaciones periódicas, ampliando las posibilidades de rastrear la recepción de impresos. Este artículo posiciona una temática olvidada como la transnacionalización de un hispanismo católico que acudió a mecanismos y prácticas similares a las de otros grupos.

El texto dedicado a la Revista de Filosofía que lideró José Ingenieros presenta una serie de particularidades metodológicas dignas de mencionar. En primer lugar, la autora inscribe su objeto de estudio en un marco de publicaciones científicas, literarias, políticas y culturales para enfatizar en su especificidad. En segunda instancia, elabora una tipología de las revistas a través de la cual es posible pensar con mayor exactitud el tipo de empresa cultural y el grado de cohesión de las redes en torno a los impresos. Por otro lado, el funcionamiento de la red intelectual se rastrea en el diálogo con otras revistas en la sección dedicada a la reseñas de bibliografía. La autora cuenta el origen, desarrollo y transformaciones de dicha sección a partir de criterios como las obras reseñadas, la periodización de la sección y los nombres de los autores. La Revista de Filosofía fue concebida como una red transnacional de lecturas que determinaba qué y cómo debía leerse, poniendo en escena los intereses intelectuales e ideológicos de la dirección desde donde se tejió la red.

Los últimos tres estudios que conforman la obra enfatizan de forma desigual la configuración de redes intelectuales a partir de vínculos y contactos de extranjeros en contextos nacionales. La conformación de una red egocéntrica se describe satisfactoriamente en el trabajo sobre la Revista Cubana (1935-1938) a propósito de la red de intelectuales en torno a José María Chacón Calvo en su condición de dinamizador y núcleo que dio origen a dicha revista. Metodológicamente, la autora propone que no basta con el estudio de los epistolarios de los miembros que conforman la red, sino que es necesario explorar la correspondencia de otros letrados contemporáneos. En este capítulo, la dimensión colectiva del trabajo intelectual se hace evidente al insertar factores como la amistad personal y la afinidad de intereses que se reflejan en las colaboraciones internacionales.

Con más dificultades en la aplicación del enfoque, el trabajo sobre los vínculos continentales de la Junta de Historia y Numismática América -luego Academia de Historia Argentina-, confunde la existencia de ciertos contactos entre hombres de letras y su presencia en un congreso americano de historia con la existencia de una red en torno a temas historiográficos. La realización de actos académicos-diplomáticos y nombramientos mutuos en sus respectivas asociaciones no alcanza a evidenciar un entramado ni siquiera en las relaciones más estrechas entre diplomáticos-letrados de Argentina, Uruguay y Perú. La pregunta por las relaciones entre diplomacia política y cultural también es abordada en el trabajo sobre la presencia de escritores brasileños en redes intelectuales argentinas. El interés por la figuración de autores y obras extranjeras en un mercado editorial nacional está dirigida hacia la existencia de interlocución binacional antes que a la reconstrucción de redes transfronterizas.

Pese al uso diferencial del enfoque de redes sociales para el estudio de la producción colectiva intelectual, la obra reseñada deja ver el potencial de esta perspectiva y los cuidados que deben tenerse al emprender estudios de este tipo. Como se ha sugerido, no es pertinente suponer la existencia de redes de relaciones sin poder explicitar su existencia con la suficiente fuente documental. En otras palabras, para hablar de redes intelectuales no basta con la existencia de intercambios epistolares, presencia de nombres o la circulación de impresos. Otro aporte de este libro es que pensar las redes intelectuales en torno a personajes, instituciones o los mismos soportes, nos recuerda la lucha de la historia intelectual contra la idea arraigada del genio individual. Igualmente, el enfoque reitera la necesidad de salir del marco nacional como un a priori en la investigación histórica, para ir hacia lo transnacional que puede conectar espacios locales con centros culturales de primer orden. En todo caso, no hay que perder de vista las diferentes asimetrías y jerarquías en las estructuras reticulares estudiadas.

La totalidad de los trabajos reunidos en este volumen insiste en la pertinencia y necesidad de abordar los epistolarios como una rica fuente para el estudio de los intercambios y contactos entre intelectuales. La lectura sistemática de las revistas y memorias de algunos letrados también hacen parte del núcleo de documentación en trabajos de esta índole. A ello podríamos agregar el uso de documentación institucional (asociaciones, ateneos, academias, centros culturales) y de prensa en general a través de las cuales se puede obtener información sobre espacios de sociabilidad, impacto en la opinión pública, distribución y circulación de impresos y, en general, otras dimensiones del despliegue de las redes. Por otra parte, el libro en cuestión evidencia la dificultad que existe al estudiar las redes intelectuales en periodos muy largos, pues como se puede apreciar, todos los trabajos reducen su marco temporal a pocos años.

Finalmente, resta señalar tres aspectos. Primero: si bien la coordinadora señala en la introducción la imposibilidad de abordar todos los países latinoamericanos, el recurrente uso de esta categoría incurre en generalizaciones que pueden ser complementadas o rebatidas con investigaciones sobre el mundo andino o centroamericano y sus conexiones con ejes tradicionales de México o Argentina. Segundo: el libro como objeto material presenta varias fallas de digitación que enturbian su lectura y aprovechamiento. Tercero: al momento de hacer balances historiográficos sobre estas temáticas, los estudiosos podrán aplicar el enfoque de redes intelectuales a su análisis, particularmente en torno al eje que va de la academia mexicana a la del Cono Sur que está en la base del libro. Esto puede constatarse en la revisión de las bibliografías de los capítulos que evidencian un conjunto de obras y autores compartidos que le dan a esta obra colectiva una unidad de enfoque digna de conocer.

Una buena introducción a este campo es la de Sebastián Conrad de próxima publicación en castellano. Ver: Sebastian Conrad, What is global history? (New Jersey: Princeton Universisty Press, 2016).
Pita, Redes intelectuales transnacionales en América Latina, 7.
Ibíd., 9.
Con él se justifica y fundamenta el estudio de temáticas como las redes de distribución de impresos, viajes académicos, emigración y circulación de estudiantes e intelectuales, organización y realización de congresos, presencia de organizaciones internacionales públicas o privadas, entre otros.
Pita, Redes intelectuales, 17.
Una ampliación de esta tesis puede verse en: Alexandra Pita González, “Las revistas culturales como soportes materiales, prácticas sociales y espacios de sociabilidad”, en: Hanno Ehrlicher/ Nanette Rißler-Pipka (eds.), Almacenes de un tiempo en fuga: Revistas culturales en la modernidad hispánica: La revista como espacio de sociabilidad: encuentros y desencuentros (Berlín: Shaker Verlag, 2014), 227-245.
Una pequeña falencia de este texto es la confusión, muy común por cierto, entre criminología y criminalística como se evidencia en la cita 21, p. 86.