Entrevista a Marta Nubia Bello. Directora Técnica del Museo de la Memoria Histórica (2015-2017): "Un museo para la sociedad porque debe aportarle a la sociedad claves comprensivas de este conflicto armado"

Entrevista a Marta Nubia Bello. Directora Técnica del Museo de la Memoria Histórica del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (2015-2017)

  • Historia y Espacio Universidad del Valle

Resumen

Entrevista a Marta Nubia Bello. Realizada el 27 de abril de 2017 en la Universidad del Valle (Cali, Colombia) por el semillero de investigación SESHUS (Semillero de Estudios Sociohistóricos, Urbanos y Sindicales), adscrito al grupo de investigación CEHA (Centro de Estudios Históricos y Ambientales) de la Universidad del Valle, Departamento de Historia, y fue transcripta por Crhistian Camilo Villa Velasco. [La transcripción es fiel al audio de la entrevista, por lo que se han mantenido reiteraciones y giros propios del lenguaje oral].

Publicado
2018-06-05
Como citar
ESPACIO, Historia y. Entrevista a Marta Nubia Bello. Directora Técnica del Museo de la Memoria Histórica (2015-2017): "Un museo para la sociedad porque debe aportarle a la sociedad claves comprensivas de este conflicto armado". Historia y Espacio, [S.l.], v. 14, n. 50, jun. 2018. ISSN 2357-6448. Disponible en: <http://historiayespacio.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/6563>. Fecha de acceso: 21 ago. 2018
Sección
Separata

Realizada el 27 de abril de 2017 en la Universidad del Valle (Cali, Colombia) por el semillero de investigación SESHUS (Semillero de Estudios Sociohistóricos, Urbanos y Sindicales), adscrito al grupo de investigación CEHA (Centro de Estudios Históricos y Ambientales) de la Universidad del Valle, Departamento de Historia, y fue transcripta por Crhistian Camilo Villa Velasco. [La transcripción es fiel al audio de la entrevista, por lo que se han mantenido reiteraciones y giros propios del lenguaje oral]

Un museo para la sociedad porque debe aportarle a la sociedad

claves comprensivas de este conflicto armado

Fotografía Marta Nubia Bello

Marta Nubia Bello

Fotografía: Marta Nubia Bello

Mi nombre es Marta Nubia Bello, soy trabajadora social de la Universidad Nacional, hice una maestría en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes y, pues, básicamente mi experiencia docente y profesional ha estado vinculada al tema de los derechos humanos, pero, muy situada desde el enfoque de lo social, desde allí ha sido mi trabajo, el que me acercaría posteriormente al tema de memoria.

Hay un antecedente muy especial, empecé desde la Universidad Nacional, realmente, desde mediados de la década de los noventas, en el año de 1995, para esa fecha teníamos un trabajo ya importante con el tema de desplazamiento forzado, que se estaba manifestando muy fuerte, en ese entonces estaba coordinando las prácticas académicas de los estudiantes en las zonas de Soacha en las márgenes de Altos de Cazucá, zona de población desplazada, ahí empezamos con unos trabajos investigativos, pero, posteriormente la Universidad fue llamada para hacer una evaluación del impacto psicosocial que había causado la masacre de Bojayá, y eso me acercó al Centro Nacional de memoria.

La masacre fue el 6 de mayo de 2002, y tres meses después llegamos a Bojayá a mirar todo lo que esta masacre había causado en la comunidad, allí se empieza a hacer un trabajo que realmente se extendió por casi 4 años, siendo un antecedente al grupo de Memoria Histórica. El trabajo culminó en una publicación que se llamaba Bojayá Memoria de Río, donde la memoria fue la conductora para reconstruir impactos y trayectorias bajo las preguntas de ¿Qué se dañó?, ¿qué se rompió? Preguntando un poco por la masacre buscando ver síntomas, síndromes de estrés postraumáticos, buscando encontrar ¿Qué transformó, qué cambió y qué daño, la masacre?

El grupo de Memoria Histórica nace en el seno de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, esto es la ley 975 del 2005, la polémica ley de justicia y paz. En el marco de esa ley se crea la comisión con la tarea de elaborar un informe que diera cuenta de los orígenes y las transformaciones de los grupos armados ilegales, ese era un mandato específico que tenía la comisión y para el mismo se conformó el grupo el cual coordinó desde ese entonces Gonzalo Sánchez en el 2007. Obviamente lo que Gonzalo hizo fue transformar un poco el mandato e incluso ampliarlo, buscando hacer un informe que no se volviera un informe académico más, que se sumara a los muchos otros informes que hay sobre la violencia en Colombia, lo que se realizó fue un trabajo donde el contexto, además de la Ley de Justicia y Paz, diera una centralidad a las víctimas e hiciera un ejercicio de memoria.

En el Centro se determinaron una serie de casos que se llamaron inicialmente casos emblemáticos, nombre que se transformaría después por lo problemático que resultaría. Los seleccionados serían los hechos representativos que condensaban de manera potente las múltiples dinámicas que han envuelto la guerra, casos como el de Trujillo, el de El Salado, el de Segovia-Remedios y el de Bojayá, siendo este último uno de los casos más importantes por referirse a un grupo étnico, por el tipo de responsable y por la relación de actores.

Me vinculé al Centro en el año de 2008 para asumir la investigación sobre Bojayá, en un ejercicio que permitiera la reconstrucción de la pregunta que da origen al mandato del grupo. Terminado el informe de Bojayá, acompañé el informe sobre mujeres y guerra en el Caribe, el cual fue un informe de memoria histórica para leer impactos y dinámicas de la guerra en claves de género.

Posteriormente, llegué a coordinar el informe de San Carlos, no sé si ustedes lo conozcan, San Carlos es un municipio de Antioquia que no suena tanto como El Salado o como Bojayá porque, paradójicamente, la gente no sabe qué ocurrió allí. Este fue todo un caso emblemático dado que el municipio, entre el 2002 y el 2005, pasó de más o menos 22.000 habitantes a tener 5.000, siendo un desplazamiento que provocaron más o menos treinta y dos masacres que ocurrieron provocadas por los grupos paramilitares, pero también por las FARC, las Fuerzas Militares y la confrontación entre guerrillas. Fue toda la dinámica de la guerra puesta en un municipio, siendo el mismo el primero donde habría víctimas por minas antipersona. De ese informe pasé al de la comuna 13 de Medellín, que era muy significativo por ser el primer caso que se trabajaba en clave urbana de la guerra. Luego coordiné el informe de la masacre de El Tigre en Putumayo, y posteriormente entré a coordinar lo que fue y lo que había dado lugar a nuestro mandato: el informe Basta Ya, que lo entregamos en el 2013, siendo un poco la razón de ser de todo ese proceso previo en el que habíamos trabajado.

Nosotros nacimos en el seno de la Ley 975 del 2005, pero el grupo termina porque aparece en el 2011 la legislación de víctimas, la Ley 1448 y crea el Centro Nacional de Memoria Histórica, el cual surge realmente en el 2012. El Centro acoge al grupo y es muy interesante porque es un espacio que nace inscrito en una ley, la de Reparación y Restauración Integral a las Víctimas. Pero entonces al grupo se le amplía su mandato, ya no tiene como función hacer un informe para el esclarecimiento del proceso histórico, sino que se le agregan tres funciones más.

La primera es la de crear un archivo nacional de derechos humanos, esta es una gran tarea y en eso está el Centro desde el 2012, teniendo como dos grandes líneas la de fortalecer los archivos comunitarios y de organizaciones no gubernamentales, pero, también intentar recoger y centralizar archivos institucionales que permitan y que aporten a la memoria histórica del establecimiento y de la nación, buscando la mejor manera de preservar sus acervos documentales y ponerlos en disposición de uso público. La segunda tarea que se agregó al Centro es la de recibir las contribuciones de los desmovilizados que se acogieron a la ley, para poder acceder a los beneficios de la desmovilización. Esta es una actividad supremamente compleja porque el centro tenía que entrevistar a los desmovilizados recoger y revisar ese testimonio para que contribuyera al esclarecimiento histórico, sin que esto fuera una revisión clave en el testimonio judicial, eso lo hace la fiscalía, nosotros nunca hemos tenido responsabilidades de orden judicial, eran testimonios analizados en contexto que permitieron mirar, por ejemplo, cómo funcionaban los grupos paramilitares, cuáles eran las estructuras, cómo irrumpieron en los territorios, cuáles eran sus modalidades de inserción misma en los pueblos, permitiendo comprender los contextos que hicieron posible el surgimiento y expansión del paramilitarismo.

En la actualidad el Centro ha recibido más de 7000 entrevistas relacionadas con la guerra, pero la tarea es enorme. Son testimonios que nos permiten una caracterización muy potente de entendimiento de las dinámicas paramilitares, que no se ha estudiado a profundidad porque el Centro ha gastado la mayor parte de su tiempo recibiendo los testimonios y haciendo los análisis de contexto. Pero allí hay una fuente de información que va a contribuir muchísimo al comprender las dinámicas de este conflicto. Así, la tercera función que se agregó al centro fue la del museo nacional de la memoria.

Yo paso de la coordinación del informe general a la dirección del museo. No soy museóloga, no soy artista y no soy arquitecta, pero, paso a la dirección del museo principalmente para que el acumulado de investigación que había construido el Centro, y que sigue construyendo el Centro, se convirtiera de alguna manera en soporte científico. Al momento, el Centro tiene 90 publicaciones, pero todos nosotros sabemos que las publicaciones tienen su público y su poder, pero el museo requiere de otros lenguajes, más abiertos y más inclusivos.

¿Qué es lo que la ley le dice al centro cuando le da la tarea del museo? Dice: diseñe, cree y administre un museo nacional de la memoria. ¿sí?, lo define y le plantea de una vez una función al museo. Se define entonces como una medida de reparación simbólica para las víctimas. Este entonces no es cualquier museo ya es el primero que se inscribe en una ley de atención de víctimas, pero no como los que resultan de comisiones de la verdad, éste es un museo que tiene una función concretísima: la de contribuir a una reparación simbólica de las víctimas y además garantizar que el Estado cumpla con su deber de memoria, y ahí, sí se parece a los otros museos, es decir, se convierte en un recurso del Estado para que la sociedad comprenda y conozca el conflicto armado que hemos padecido.

El museo entonces requiere un proceso de participación y concertación con las víctimas, pero, a su vez, siendo un museo para la sociedad porque debe aportarle a la sociedad claves comprensivas de este conflicto armado, eso es lo que dice la ley y, desde allí nos enfrentamos con muchas dificultades y con muchos retos. Las víctimas no estaban pidiendo un museo, ¿sí?, aquí no había un movimiento social para un espacio así y ni siquiera aparecía en las reivindicaciones. Las víctimas sí venían reivindicando el tema de la memoria, sí había un reclamo fuerte en cabeza de muchas organizaciones de derechos humanos y de víctimas, pero un museo no aparece como una expectativa de interés social. Cuando nosotros empezamos les preguntamos a las víctimas, como se imaginan ese museo, lo primero que la gente nos decía: ¿Y para qué un museo?, muchas víctimas nos decían que ellos no habían pedido un espacio así y tenían muchas otras necesidades más urgentes, muchas personas, además, no sabían que era un museo y nunca han entrado a un museo realmente.

Cuando hablamos de víctimas, hablamos de 8 millones, de grupos, asociaciones y personas, algunas con las cuales el Centro se había relacionado. El ¿por qué Bogotá? Fue una discusión dada en muchos lugares, en donde el llamado era que, si esta memoria no se conoce allá, no es memoria histórica, lo que nosotros hemos vivido, hemos padecido, la experiencia sufrida la tiene que conocer el país, no basta con conocerla la comunidad que la sufrió. Entonces también ha sido un reclamo de las víctimas de mostrar eso que ocurre en los territorios, y en su mayoría muy rurales, para que lo conozcan aquellos que han vivido alejados de la guerra.

La ley mandaba que fuera en Bogotá, pero será allá no solo porque la ley lo ordena, sino por convicción. En verdad un lugar de memoria en Bogotá es muy importante, en la capital se requiere un espacio para que las regiones tengan voz y un lugar de encuentro y conocimiento de eso que ocurre más allá de su entorno urbano, pero aún con eso no es suficiente. Entonces, la dirección del museo acordó una estrategia con muchas organizaciones, donde, sí va a haber un museo en Bogotá, pero esto no invalida o no anula la posibilidad de que haya lugares de la memoria en los territorios. Entonces la dirección del Museo trabaja en esa doble vía, la de la construcción de un museo en Bogotá, pero con el apoyo de los lugares en los territorios, no solo de lugares, sino también de las iniciativas de memoria.

Una vez tuvimos el terreno, abrimos el concurso de diseño. Será un museo operado por el Distrito Capital pero financiado por la nación. La construcción ha implicado unas perspectivas muy interesantes, dentro de esas: ¿qué queremos que sea ese edificio? Y ¿a quién le va a ser? Ahí tuvimos muchas discusiones con organizaciones de víctimas, revisamos muchos museos, lugares de memoria en Colombia y en América Latina mirando cómo funcionan y cómo operan, a partir de este proceso determinamos que este museo tendrá usos específicos, entre esos, servirá de lugar para el archivo nacional de derechos humanos. Buscamos también un espacio de crear, no solamente expositivo ya que estamos en un espacio de creación de memoria, y eso involucra muchos procesos más. También buscamos que este sea un lugar de duelo necesariamente, y eso pasa por dos momentos, que la arquitectura misma ofrezca un espacio conmemorativo, pero también una arquitectura que permita rendir tributo de reflexión, donde después del recorrido pueda encontrarse consigo mismo.

¿Qué es lo que queremos que un ciudadano, al entrar allí, se lleve?, se busca, en esto un lugar de desencuentro. Un primer mensaje del museo es que esta guerra ha sido larga y por lo tanto va a ser igual de larga y compleja contarla, y no es fácil contar esta guerra ya que, hacer un guión de algo de más de 50 años no es sencillo. La otra obviedad después de escuchar tantos reclamos tan confrontados por muchas razones es que se requiere un lugar para expresar los desacuerdos en lugar de un consenso de un guion. ¿Cómo contamos esto?, nuestro guion no se va a conducir por un hilo temporal, vamos a romper con una estructura narrativa centrada en el tiempo y de una que se construya en modalidades de violencia.

Tampoco vamos a contar narrativas por comunidades y grupos ya estas posibilidades narrativas lo que hacen es segmentar y limitar el relato, ya que va a excluir más que incluir, buscamos entonces que la memoria se cuente a partir de ejes como el del cuerpo, el agua y la tierra: ¿qué le hizo la guerra al cuerpo? ¿qué hicieron los cuerpos en la guerra? ¿cómo transformaron los cuerpos en la guerra? ¿qué le hizo la guerra a la tierra y el agua? ¿en la guerra la tierra cambio de dueño, uso y significado? La tarea que tenemos, entonces, es muy difícil dado que hay cosas que no se pueden quedar por fuera muchos elementos importantes de esta historia sabiendo que no lo podemos contarlo todo, pero que tenemos que contar cosas.