La creación de bibliotecas durante el apogeo del anarquismo argentino, 1898-1905

  • María Eugenia Sik Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas

Resumen

El presente artículo analiza las iniciativas de creación de bibliotecas por parte de agrupaciones políticas y gremiales durante los años en los que proliferan diversos grupos libertarios en la Argentina. Nos focalizamos en un relevamiento de la prensa periódica, en especial, de la emblemática publicación La Protesta (Humana). Partiendo de la información fragmentaria que se puede recuperar acerca de estos establecimientos que no han perdurado en el tiempo -donde en la mayoría de los casos se anuncia la creación de la biblioteca y se solicita la remisión de material impreso- abordamos la importancia otorgada a las bibliotecas, reconstruimos los objetivos asignados o problemáticas detectadas en el sostenimiento de las mismas y bosquejamos sus formas de funcionamiento.

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Biografía del Autor

María Eugenia Sik, Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas

Archivista del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI/UNSAM) y Bibliotecaria en la Biblioteca Feminaria (Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología). Diplomada en Bibliotecología y Ciencia de la Información (UBA), Buenos Aires (Argentina).

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Publicado
2018-09-18
Como citar
SIK, María Eugenia. La creación de bibliotecas durante el apogeo del anarquismo argentino, 1898-1905. Historia y Espacio, [S.l.], v. 14, n. 51, sep. 2018. ISSN 2357-6448. Disponible en: <http://historiayespacio.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/6984>. Fecha de acceso: 18 ene. 2019 doi: https://doi.org/10.25100/hye.v14i51.6984.

Palabras clave

Lectura, bibliotecas, historia, movimiento obrero, anarquismo

“Es necesario que nos convenzamos de una buena vez que, a pesar de tener de nuestra parte la razón, la burguesía no tomará en cuenta nuestras reclamaciones sino el día en que, la clase trabajadora, por su unión y conciencia, forme un conjunto homogéneo, numeroso, fuerte y disciplinado; y que sobre todo, es necesario propagarlas, ya sea desde el periódico, ya sea desde la tribuna; pero tampoco debemos olvidarnos que para propagar y divulgar una idea, para enseñar, es necesario antes aprender.

He aquí pues, la necesidad de fundar bibliotecas, para poner al alcance de todos aquellos que quieran instruirse, para luego poder ser útiles a la causa del proletariado, los medios necesarios para satisfacer a sus aspiraciones.

La fundación de una o varias bibliotecas sería un gran paso, pero un paso a medias. Porque las bibliotecas por sí solas no desempeñan ningún papel; lo indispensable, para que la obra sea completa, es procurar hacer sentir, de convencer a los trabajadores de la necesidad y de la utilidad, para bien de su causa, de que lean y se instruyan. No basta la existencia de bibliotecas; de nada sirve un órgano si este no funciona”2.

Introducción

El presente trabajo forma parte de un proyecto más amplio que profundiza el estudio de la experiencia de las llamadas bibliotecas “obreras” en la Argentina entre finales del siglo XIX y las primeras tres décadas del siglo XX. El objetivo es indagar acerca de sus características y sus vasos comunicantes y diferencias con las bibliotecas populares creadas en diferentes puntos del país3. Esta distinción tiende a poner el énfasis en el tipo de bibliotecas fundadas bajo la égida de las corrientes político culturales de las izquierdas argentinas existentes durante el período mencionado: el anarquismo, socialismo y, posteriormente, el comunismo. Es necesario apuntar, además, que bajo la denominación “bibliotecas obreras” también se incluye a las instituciones creadas por las sociedades gremiales y por los círculos católicos de obreros.

Este trabajo quiere contribuir a ampliar el conocimiento existente sobre el nacimiento, consolidación y organización de estas distintas corrientes políticas en relación con aquellos estudios relativos a la historia del libro y la edición y la historia de la lectura. También busca incrementar las indagaciones sobre la historia de la educación argentina y las investigaciones sobre los usos del “tiempo libre”. Cabe destacar, por otro lado, que en el período abordado se asiste a la ampliación del público lector debido, entre otros factores, al aumento poblacional, la concentración urbana (en especial en la ciudad de Buenos Aires), el afianzamiento de la prensa periódica y el surgimiento de un mercado editorial; lo que provoca una importante modificación en la cultura popular4.

El fenómeno de las bibliotecas “obreras”, en su especificidad, ha estado presente en la nutrida bibliografía existente sobre los proyectos político-culturales del socialismo y el anarquismo en sus años de expansión en la escena local5, junto con otro tipo de actividades que han sido relativamente más estudiadas. De hecho, la proliferación de bibliotecas es un fenómeno paralelo al florecer de la edición de folletos y publicaciones periódicas desde las últimas décadas del siglo XIX. Es recurrente la polisemia del término “biblioteca” definiendo tanto a un conjunto de folletos como a una colección de documentos puestos a disposición de lectura del público. Bajo el ideal de cultura iluminista imperante en ese tiempo, ambas iniciativas responden al mismo afán de que las personas trabajadoras se ilustren, buscando forjar una personalidad lectora-militante autodidacta.

Tal como sostiene Mariana di Stéfano, siguiendo a Roger y Anne Marie Chartier, la biblioteca como “espacio físico” facilitó el acceso a libros elegidos y el contacto personal con los mediadores, a diferencia de las colecciones de folletos. La autora -que entre otros aspectos analiza las múltiples representaciones acerca de la lectura que tenían los círculos libertarios presentes en los discursos acerca de la educación, los libros y las bibliotecas- sostiene que “El anarquismo creó muchas bibliotecas en las distintas ciudades en las que participó, pero la preservación del espacio físico fue siempre muy difícil para este grupo que, además de las dificultades económicas, debió enfrentar siempre la persecución policial y el cierre de sus locales”6. Siguiendo la línea de muchos estudios precedentes del anarquismo, las bibliotecas aparecen mencionadas en ese conglomerado de proyectos, quizás por las dificultades mencionadas por di Stéfano, y la escasez de fuentes imposibilitan una reconstrucción de este entramado. Sin embargo, a pesar de la falta de información, es posible explorar esos proyectos de fundación de bibliotecas/ salas de lectura y analizar problemas específicos que les imprime características diferenciadas.

Como decíamos, separamos en el presente estudio el término “bibliotecas obreras” del de bibliotecas populares, la mayoría de las veces vinculado a una forma de asociación vecinal. Esta terminología era utilizada en la época, aunque en ocasiones, como sinónimo de “biblioteca popular”, estos proyectos poseían finalidades distintas, especialmente en lo relativo a la formación política de sus lectores. Podríamos esquematizar que estas bibliotecas apuntaban a cumplir estas diferentes funciones:

  • Educativas: especialmente para la alfabetización de personas adultas y para quienes no pudieran acceder al sistema educativo formal.

  • Militantes: persiguiendo un objetivo político, era el lugar donde se celebraban lecturas comentadas, reuniones y charlas, etc.

  • Sociales: diversas campañas de concientización, como por ejemplo, aquellas contra el consumo de alcohol.

  • Recreativas/de extensión: con actividades lúdicas o recreativas para niño/as y adulto/as

El florecimiento de las bibliotecas “obreras” se inserta en un contexto más de expansión bibliotecaria en la Argentina. Hasta la década de 1850, solo existía una biblioteca pública en Buenos Aires. A partir de la política educativa de Domingo Faustino Sarmiento -quien vio en el modelo de las sociedades de lectura de Benjamin Franklin, de los Estados Unidos, un ejemplo a seguir- se fomentó en el país el surgimiento de bibliotecas populares auspiciadas por el Estado. Esto ocurre especialmente desde la década de 1870, y con la sanción de la Ley 490 y la creación de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, que propició la fundación de varios establecimientos en diversas ciudades del país. Uno de esos primeros emprendimientos fue la biblioteca de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, que durante la década de 1880 era identificada como una de las cuatro bibliotecas más importantes de la Argentina7.

Sin embargo, después de 1876, la Comisión fue absorbida dentro de la Secretaría de Educación y virtualmente desapareció, quedando las bibliotecas libradas a la cooperación de los vecinos de las ciudades en cuestión sin que se fomentaran nuevos establecimientos desde el ámbito estatal.

El “modelo sarmientino” de bibliotecas estaba basado en la necesidad de alfabetizar a la creciente población en nuestras tierras, y entre otras cosas sostenía que la empresa sería un fracaso sin la edición de material propio para dichas bibliotecas8. El movimiento obrero naciente también vislumbraba la necesidad de formación y educación que incluyera una formación política, para lo cual buscaron organizar sus propias bibliotecas. La falta de un organismo estatal que sostuviera bibliotecas en el país continuó hasta 1908, momento en el que fue restablecida la Comisión Protectora, por el entonces Ministro de Educación Rómulo S. Naón. Sin embargo, el escenario había cambiado durante esos treinta años: habían proliferado las bibliotecas “obreras”.

Paralelamente se asistía al desarrollo de diversas corrientes político-culturales socialistas y anarquistas en la Argentina. Las organizaciones socialistas pioneras contaban con una biblioteca9 y, según menciona Tripaldi, estaban dotadas de nutridas colecciones, publicaban sus catálogos, estaban al corriente de las modernas técnicas bibliotecológicas e impulsaban nuevas formas de extensión cultural aunque, según el autor, se carecen de fuentes para el estudio de estos emprendimientos10.

Una vez establecido el Partido Socialista Argentino, se creó una biblioteca en el Centro Socialista Obrero y otra en el Centro Socialista de Estudios. Pero uno de los ejemplos sobresalientes y pioneros del partido fundado por Juan B. Justo, es el de la Biblioteca Obrera, fundada en 1897. Según los registros publicados, esta institución contaba en 1897 con 54 socios, 300 libros y folletos y 778 lectores en sala11, y hacia 1905 el público se había incrementado: las estadísticas informan que concurrieron a la sala de lectura 3106 personas, leyéndose un total de 2125 libros12. En cuanto al material consultado, según las fuentes era “en su gran mayoría de Ciencias Sociales, Ciencias Naturales e Historia”13. El horario de atención era por la noche (de 8 a 10) y también los domingos y feriados de 4 a 6. Según el reglamento inicial, redactado por la comisión fundadora, la biblioteca funcionaba de la siguiente manera:

Artículo 1º - La cuota social que corresponde a cada socio de la Biblioteca es de un peso moneda nacional por trimestre adelantado. Art. 2º - Deja de ser socio quien no pague un trimestre. Art. 3º - La biblioteca será administrada por una Comisión compuesta de tres miembros, elegida por simple mayoría, los que se repartirán los cargos pertinentes a su tarea. Art. 4º - La Comisión debe presentar un informe semestral. El tiempo de su nombramiento es ilimitado. Art. 5º - Los fondos de la Biblioteca serán empleados en la adquisición de libros, folletos, y suscripción de periódicos que convengan a la instrucción de la clase trabajadora. Art. 6º - Los libros y los periódicos de la Biblioteca estarán a disposición de quienes quieran utilizarlos, pero solo los socios tendrán derecho a llevarlos a sus casas por un tiempo determinado14.

La Biblioteca Obrera ha sido considerada una institución central en el entramado de los núcleos del partido (“viene a ser como el corazón de donde refluye la vitalidad para todas las demás partes”15). La predominancia de anuncios relativos a la biblioteca en el periódico partidario La Vanguardia dan cuenta de esa centralidad: abundan artículos sobre los nuevos ingresos de libros -por compra o donación-, notas acerca de su funcionamiento -incluso la publicación de los lectores morosos en la devolución de los préstamos extraídos de la biblioteca- entre otros aspectos. Dos años después de la Biblioteca Obrera se funda otra institución paradigmática del socialismo local, la Sociedad Luz, de la mano de un ferviente impulsor del desarrollo de las bibliotecas, Ángel Giménez, quien además se encargó de sistematizar los conocimientos bibliotecológicos de la época para mejorar la organización de las bibliotecas obreras, especialmente desde finales de la década de 1910, ya que no dudaba de la importancia de las bibliotecas a pesar de la proliferación de proyectos editoriales más accesibles para el pueblo16.

Por otra parte, el Partido Socialista se vanagloriaba de poseer una biblioteca en cada uno de sus centros socialistas obreros fundados alrededor de todo el país, y muchas novedades de las bibliotecas del partido eran publicadas en la prensa partidaria. Más adelante, en 1912, se crea la Asociación de Bibliotecas y Recreos Infantiles, por iniciativa del Centro Socialista Femenino17, después, según sostiene Juan Antonio Solari, el Comité Ejecutivo creó una Comisión de Fomento de Bibliotecas del Partido Socialista, en pos de lograr una mayor institucionalización y centralización partidaria del funcionamiento bibliotecario18.

Bibliotecas de grupos anarquistas y agrupaciones gremiales

En su clásico estudio sobre la cultura política anarquista argentina, Juan Suriano sostiene que “la heterogeneidad y la diversidad constituían una fuerte impronta del anarquismo local. Sin embargo, existía un consenso generalizado en torno a la idea de que la función principal del militante era educar y enseñar la doctrina libertaria a los individuos, con el firme propósito de ganar adeptos para su causa y multiplicar los agentes revolucionarios”19, en las líneas que siguen, se intentarán reponer los heterogéneos intentos de sostenimiento de biblioteca en los círculos libertarios.

En la prensa de la época, las bibliotecas anarquistas son muchas veces descritas como salas de lectura: un salón con una mesa (y un anaquel), donde la gente podía concurrir a leer libros, folletos o periódicos. Funcionaban como una parte más otros centros como clubes círculos o grupos de estudio, formados en distintas ciudades con el objetivo de difundir el ideal libertario. En algunos casos, las fuentes raramente permiten distinguir a estos centros.

Además de la reconocida prioridad de los militantes y su tarea editorial existió una necesidad de contar con bibliotecas ligadas a los grupos anarquistas, a las que pretendían imprimirles características particulares. En 1904, en la tapa de La Protesta aparecía la siguiente diatriba contra el director de la Biblioteca Nacional, Paul Groussac. El autor, escondido bajo el seudónimo de Roque Arcadio, exponía algunos de los principales problemas, a su entender, de la institución dirigida por el célebre intelectual franco-argentino:

Algo sobre bibliotecas públicas

Capital social inmovilizado

A cualquiera se le ocurre pensar que las bibliotecas están destinadas a facilitar la lectura como medio de ilustración popular; no así al ilustre Groussac, el augusto pater noster de la Biblioteca Nacional, que ha implantado en esa un horario especialmente combinado para que la Biblioteca sea poco concurrida.

En las instituciones análogas de todo el mundo, no solamente se facilita el acceso al público a toda hora del día y casi todas de la noche, sino que se permite a los asistentes una relativa comodidad; se puede fumar -lo que aquí es prohibido- se formulan los pedidos de libros en el mismo asiento de la sala de lectura y no en la portería, y en muchas partes se puede asistir hasta en días feriados.

Tenemos en Buenos Aires un buen capital -improductivo- invertido en libros que nadie lee- alimento de las polillas y de ciertos rumiantes intelectuales que se llevan a sus casas o los retienen en su despacho durante meses.

La Biblioteca Nacional nunca ha sido honrada con la visita de un obrero, pues su horario es el de las oficinas públicas -12 a 4- con excepción de las 2 horas de la noche- de las cuales se pierde una en espera y otra se aprovecha mal, pues ninguna lectura de provecho se puede hacor [sic] en tan poco tiempo. De modo que, no valiendo la pena molestarse a veces de largas distancias para leer poco y mal, nadie va.

Algo análogo pasa con otras bibliotecas y principalmente con las oficiales. La de los colegios y escuelas no son aprovechadas ni siquiera por los profesores y los alumnos, reduciéndose entonces a servir de vistas para los visitantes nacionales o extrangeros que que [sic] algunas veces se dan el corte de inspeccionar nuestras casas y cosas inútiles, con aires de suficiencia.

De modo que, desgraciadamente, no tenemos en esta capital centros permanentes de lectura popular, abiertos día y noche a todo el mundo.

Reina también un criterio completamente inadecuado para la adquisición de obras nuevas. Los jefes, más o menos competentes, más o menos literatos, compran los libros que quieren o que necesitan, no los que el público pide. Lo propio es que estos funcionarios tomen nota de las obras que el público solicita más a menudo y las adquieran, cualquier que sea la clase de ellas.

Ninguno de los buenos principios que pueden aplicarse para servir bien al público, se emplea en ninguna oficina oficial, cosa que a nadie extraña, porque no debiera ser así.

Bibliotecas abiertas permanentemente, donde se diera a los lectores las obras que ellos pidan, de modo que el caudal de libros se fuera formando por el mismo gusto del pueblo; esto y algo más necesitan estas costosas instituciones para dar alguna utilidad que pueda avaluarse como un justo interés del grande capital invertido constantemente en ellas y acumulando en sus estantes con desesperante esterilidad20.

Aunque no se pueda conocer la trayectoria personal del autor -pero si se puede asegurar que era un asiduo colaborador de La Protesta durante el período en el que aparece publicado el texto-, el artículo permite inferir la necesidad y las características con que deben contar las bibliotecas: una institución pensada para la formación del pueblo en su desarrollo de las colecciones, su horario, en su orientación y disposición. Este artículo llama la atención porque para ese momento ya habían sido establecidas muchas bibliotecas ligadas al movimiento anarquista y al socialismo, y aun así este editorial sostenía la necesidad de que una institución pública mejore su orientación y que el problema es de tipo local, no por el tipo de institución.

También en 1904 La Protesta publicó un artículo en un tono similar, apuntando la crítica a la principal biblioteca del país y a otras bibliotecas públicas/populares, sobre todo en lo relativo al excesivo gasto del erario público en la compra de bibliotecas privadas de personas reconocidas de la elite, para que luego no sean consultados por los problemas mencionados en el artículo anterior, como el horario y una deficiente política de desarrollo de las colecciones. Y avanza, además, en cómo deberían ser idealmente:

Las bibliotecas deben ser centros desligados de toda cohibición [sic?], especie de lugares familiares adonde pueda acudirse a cualquier hora del día, según convenga a las necesidades de cada cual, al tiempo de que disponer, a la época en el que el estudio se le imponga, etc. Aquí cabe un paréntesis: la práctica se nubla en esas bibliotecas, para dar salida a un torrente de fórmulas urbanas que no sirven más que para entorpecer el objeto primordial, único, que lleva a cabo a los individuos a procurarse la lectura. Débiles prejuicios ponen, además, su ineficacia en la misión de las bibliotecas públicas de la ciudad, como lo prueba el hecho de que a veces se solicitan obras de autores universalmente conocidos y por la falsa razón del determinado género de ideas en cuyo molde hayan sido vaciadas se les niega si no están en el catálogo, aunque por lo general no forman parte de él21.

Dicho documento no estaba firmado y apareció un uno de los primeros números en los que la dirección de la revista corresponde a Alberto Ghiraldo. En el número siguiente fue publicada una respuesta que corroboraba lo dicho, escrita por “un lector de La Protesta, muy interiorizado en lo que pasa en la Biblioteca Nacional” que vuelve poner el foco en estos ejes problemáticos: bibliografía inadecuada, la concepción de dicha biblioteca como un espacio para las élites y la ineficiencia presente en el funcionamiento de la institución22.

Pero además de la crítica a las bibliotecas públicas, también se delinearon algunos lineamientos acerca de las características que debían poseer las bibliotecas obreras. Años antes de los artículos mencionados arriba, anunciaba en La Protesta, para el 13 de febrero de 1898, en la Sociedad Cosmopolita de Obreros Panaderos -uno de los gremios de mayor importancia del período, vinculado al floreciente movimiento anarquista-, la conferencia titulada “Las sociedades de resistencia y la necesidad de bibliotecas dentro de ellas”, dictada por Pedro A. Gallo23. Casi exactamente un año después, la misma sociedad anunciaba la celebración de la conferencia de Arturo Montesano sobre la utilidad de las bibliotecas obreras24. En el año 1900 se publicaba en el periódico del gremio de albañiles el siguiente artículo, que probablemente esté en consonancia con las conferencias mencionadas y con otros artículos que, en distintas publicaciones, deslizaban su ideal de biblioteca:

LA INSTRUCCIÓN POPULAR

¿Quién no reconoce la falta de instrucción entre los trabajadores, y quién no lamenta la poca actividad que observan los mismos para instruirse?

A pesar de esta indiferencia entre el elemento trabajador, todo aquel que tenga buen sentido y comprenda la necesidad de la instrucción popular, debe tratar por todos los medios posibles que solamente creando bibliotecas sencillas y útiles en los centros obreros podrá formarse hombres capaces de defender sus derechos.

Como la mayoría de los obreros no acuden a las bibliotecas y escuelas recientemente establecidas en la Capital, las cuales están dirijidas [sic] por compañeros inteligentes y bien preparados, por la causa de que esos mismos trabajadores pasan más de la mitad de la vida encerrados en los talleres, careciendo por lo tanto de la familiaridad y despejo que caracteriza a los obreros que se rozan con compañeros de mayor cultura y capacidad intelectua [sic]: deberían encontrar establecida en la Sociedad de resistencia a la que pertenecen una escuela o biblioteca donde podrían acudir con la mayor confianza a instruirse, sabiendo que tendrían por compañeros a obreros que más o menos poseen los mismos conocimientos.

Estas bibliotecas obreras serían dirijidas [sic] por los compañeros más aptos y mejor instruidos, que pueda contar las sociedades gremiales y estos a su vez consultarían a personas competentes sin fijarse a cual color político pertenecen siempre que puedan guiar por el camino más fructífero en adquirir los libros más útiles para la instrucción del proletariado.

Únicamente estableciendo bibliotecas que contengan libros de todas las doctrinas o escuelas se podrá obtener óptimos resultados; formando hombres capaces de discernir lo bueno de lo malo, comprender lo que más apremia poner en práctica en el estado presente para aliviar nuestros males, sin soñar en las grandes reformas tan lejos de ser un hecho como de llevarlas a cabo.

Solamente con la instrucción que aportarían estas pequeñas escuelas se formarían obreros conscientes y no fanáticos, solamente así las corporaciones gremiales podrán tener en poco tiempo compañeros suficientemente preparados para administrarla o controlar los actos de las Comisiones Directivas; y al mismo tiempo salvar todos los obstáculos que hoy entorpecen la buena marcha de las mismas.

En cuanto a los medios, que sería lo más esencial para poner en práctica este proyecto, se podría cubrir con un poco de buena voluntad y un pequeño sacrificio porque en verdad no se necesita mucho para formar una biblioteca o una escuela obrera.

Los trabajadores que simpatizan con esta idea podrían adquirir por medio de amistades algunos libros o revistas y aquellos que necesariamente habría que comprarlos se podría cubrir el importe por suscripción voluntaria, a más la sociedad que implantara [sic] dicho proyecto podría destinar una pequeña parte de sus entradas en beneficio de la biblioteca o escuela, que en reducidas cuestas [sic] no es más que el de sus asociados, sabiendo que solamente la instrucción es la que forma hombres conscientes, porque vigoriza la mente y da constancia al corazón25.

Hacia 1903, el III Congreso de la Federación Obrera Argentina, sostenida por los anarquistas, además de alentar a la creación de escuelas libres, resuelve crear una biblioteca y fomentar el desarrollo de las mismas en las distintas sociedades por oficio26. Para la ocasión, se publicó en el periódico La Organización el artículo citado en el epígrafe de este trabajo, que se explayaba acerca del potencial revolucionario de las bibliotecas, argumentando, entre otros aspectos que “está en el convencimiento de casi todos que, en los países donde la clase trabajadora lee más, donde existen más periódicos y bibliotecas obreras, es donde los trabajadores están más y mejor organizados, donde están las mejores condiciones económicas y donde son mejor respetados; es allí donde la clase trabajadora representa una potencia que hace meditar y temblar a la burguesía con todos sus poderes y bayonetas”27.

Durante esos años, los grupos fueron fundando esas bibliotecas “necesarias”. Las fuentes existentes no contribuyen a recomponer sistemáticamente la cantidad de bibliotecas, los libros, folletos y revistas disponibles ni la cantidad de lectores que las frecuentaban. Del relevamiento realizado en La Protesta (Humana) hemos podido rastrear las siguientes bibliotecas (Figura 1):

Figura 1

Figura 1: Figura 1

La mayoría de estos anuncios publicados refieren a la creación de dichas bibliotecas, solicitando la colaboración de los grupos anarquistas con donaciones, informando los horarios de atención o alguna actividad para recaudar fondos para su financiamiento. Se han excluido, por el momento, varios que anuncian la formación de un grupo anarquista y donde se proyecta a futuro la creación de una biblioteca. De las 46 bibliotecas relacionadas, se puede observar la correspondencia geográfica con las zonas de mayor concentración poblacional, evidenciando una amplia diferencia numérica entre los emprendimientos situados en la Capital Federal y otros centros urbanos de relevancia (como La Plata y Rosario), así como se observa que la red se extendía a otros puntos, como otras localidades de la provincia de Buenos Aires o ciudades del interior del país. El listado, configurado en orden cronológico de aparición de los anuncios, remonta a los primeros números de La Protesta (Humana), en los que ya hay referencias a bibliotecas desde 1898 (Círculo Internacional de Estudios Sociales de Capital y la Biblioteca de Estudios Sociales de La Plata), aunque la mayor parte de los anuncios corresponden al período 1903-1904, en el que se nota más actividad relativa a las bibliotecas de las agrupaciones gremiales, la mayoría en la Ciudad de Buenos Aires, seguramente en consonancia con la resolución del Congreso de la Federación Obrera de la Región Argentina, FORA de 1903.

Como mencionamos, es frecuente encontrar en las fuentes que los anuncios de la formación de bibliotecas ácratas buscaban donaciones de los grupos editores de periódicos y folletos como insumo inicial para la conformación de estas “salas de lectura”. Un ejemplo prototípico de aviso publicado es uno correspondiente a la Casa del Pueblo de la Capital Federal: “Con el fin de propender á la mayor extensión del servicio de lectura que esta biblioteca ha abierto al público, se pide á todos los periódicos y grupos que editen libros ó folletos, manden algunos ejemplares”28.

Otros anuncios apuntaban a otro tipo de pedidos: en la biblioteca del Centro de Estudios Sociales “Próximamente será instalada en el mismo una biblioteca, abierta al público durante el día y parte de la noche, para la cual se solicitan préstamos ó donativos de libros, folletos, revistas, etc., á quien tenga y pueda ofrecerlos”29. Otros ejemplos del requerimiento de material son: “La Plata - Los compañeros de esta ciudad han constituido una Biblioteca de Estudios Sociales, donde los compañeros podrán adquirir libros, folletos, periódicos y revistas. 'Esta biblioteca, dicen, abriga los propósitos de proporcionar a los compañeros, para el mayor desarrollo del ideario anarquista (á la par que sitio donde poder reunirse, periódicos en casi todos los idiomas: Francés, Inglés, Alemán, Griego, Español, Portugués, Italiano, Eslavo, ruso, etc., etc'”30. En Rosario, en la fundación de la Casa del Pueblo, también se buscaba “la formación de una biblioteca puesta a disposición conteniendo las principales revistas y diarios que se publican en el mundo”31. Mientras en el mismo tono otras piden “publicaciones de carácter obrero”32 o “publicaciones destinadas a estudiar la cuestión social”33. En el caso del Centro de Enseñanza Popular Compañeros Unidos, apuntan a:

Difundir la enseñanza popular, pero una enseñanza de verdad, sin inclinar al niño o al hombre que concurra a nuestras escuelas a determinado partido, secta ni religión.

Para conseguir todo esto, se proyecta establecer escuelas diurnas y nocturnas; se creará una biblioteca en la cual admirirase [sic] cuantos libros se presenten sin tener para nada en cuenta las ideas del autor, para cuyo efecto se solicita el concurso de fondos34.

Las bibliotecas, entonces, eran un vehículo esencial para la circulación de las publicaciones editadas por los grupos libertarios, no solo por las redes que armaban a través de las donaciones, sino también porque muchos emprendimientos dan cuenta de precios especiales para la compra de folletos para nutrir las bibliotecas. Por ejemplo, en 1903, la librería Libertaria anuncia que venderá a los Centros de Estudios Sociales y Sociedades Obreras los libros de propaganda y folletos a precio de costo “no siendo menor de veinte y el pedido de pago anticipado”"fn35">35. Al número siguiente, reiteran el anuncio con un nuevo ofrecimiento “los compañeros que deseen cambiar cualquier folleto o libro por otro pueden hacerlo con solo pagar 10 centavos de recargo”36. Otro ejemplo es un anuncio recurrente en los números de La Protesta en 1904 de Los cigarrillos “Federación Obrera” que, bajo el título “Lectura gratis”, anuncian la creación de un periódico gratuito -a cambio de una cajilla vacía de cigarrillos- y la creación de un “sistema de premios en libros que facilitará a las sociedades Obreras, Literarias, Bibliotecas, Escuelas, etc. el medio de formar bibliotecas e instruir a sus asociados sin desembolso alguno”37.

Tal como estaba presente en el artículo “La instrucción popular”, citado anteriormente, y en muchos otros casos, quedaba explicita la necesidad de que en las colecciones de la biblioteca confluyeran libros que no sólo apuntaran al ideario anarquista, sino más bien a una formación humanista integral. En el periódico El Látigo del Carrero se publicó un pequeño listado-catálogo de las obras de la biblioteca que refleja este objetivo38. Unos números después, con motivo de la publicación de los nombres de los lectores que adeudan libros a su biblioteca social y los títulos en mora, se puede ver que los más prestados son obras vinculadas al anarquismo.

Como no es posible al momento de esta presentación reponer más catálogos, queda abierta también la pregunta vinculada a la existencia de otros materiales de lectura en estas bibliotecas. Sobre todo, para el caso de las sociedades de resistencia, si había materiales propios del oficio que desarrollaban. Solo en el caso del gremio gráfico hemos podido constatar el objetivo de comprar “obras de verdadero valor técnico para nuestras artes” para su biblioteca social y que el resto de la biblioteca se conforme con donaciones de sus asociados -en lo ideal: un libro por persona-39. Este asunto será motivo de crítica, muchos años después, por parte de Alfredo Cónsole, un autor de libros de Bibliotecología. Este escritor tucumano critica la politización de estas organizaciones, sosteniendo que:

Las asociaciones obreras suelen dar a sus bibliotecas una orientación sociológica y no profesional. En efecto, es raro encontrar en las bibliotecas obreras libros que ilustren sobre los oficios y artes que ejercen sus concurrentes; en cambio se encuentra en ellas las obras de los más célebres sociólogos del mundo. Parece que las autoridades de estos centros de cultura popular se propusieran desviar a los obreros de la senda del trabajo y encaminarlos por la de las especulaciones sociológicas40.

Ahondando en las formas de funcionamiento, cabe destacar algunas cuestiones: por un lado, los horarios de atención, pensados para la consulta por parte de los trabajadores. La citada biblioteca de la casa del pueblo anuncia que “Todos los días de 10 a.m. Hasta las 10 p.m. Está abierto el servicio de lectura”41. En un anuncio el Círculo Internacional de Estudios Sociales, avisa que la biblioteca está “abierta al público durante el día y parte de la noche”42. Círculo de Estudios Sociales: abierta de las ocho de la mañana a diez de la noche. Otro aspecto son las formas de solventar económicamente estos esfuerzos activistas: a tal fin realizan fiestas, veladas teatrales, rifas, entre otras actividades43.

Un ejemplo particular, dentro del conglomerado de experiencias de las bibliotecas anarquistas es el caso del periódico La Protesta en sí mismo, ya que por ser el periódico de referencia para los múltiples grupos ácratas recibía libros, folletos y revistas de diversas partes del mundo, tal como lo demuestran un sinnúmero de anuncios que hacia 1904 eran publicados en la sección “Bibliografía” del diario. A pesar de ser denominada como “Biblioteca de La Protesta”, esta funcionaba como una librería, ya que muchas de las obras recibidas eran puestas a la venta. Sin embargo, desde los pequeños anuncios aparecidos en el diario se manifiesta la intención de que este funcione como “biblioteca física” a donde se puedan ir a leer dichos materiales44, e incluso prestarse, tal como lo demuestra un anuncio reclamando la devolución de un tomo prestado a una persona45. Por otra parte, muchos de los anuncios de la sección “Bibliografía” eran acompañados con un detalle del índice de algunas de las publicaciones recibidas: muchas de ellas provenían del exterior y, en menor medida, también se recibían y se anunciaban publicaciones no ligadas al movimiento anarquista, incluyendo libros de teoría marxista, de Filosofía y Ciencias Sociales e incluso materiales que distaban del espectro de las izquierdas46.

¿Cuál fue el uso efectivo de las bibliotecas? Otra nota de La Protesta del año 1904 presenta un panorama crítico en lo relativo al uso de las mismas:

Las bibliotecas en las sociedades de resistencia

Muchas sociedades tienen la felicísima idea de arganizar [sic] fiestas para conseguir la fundación de una biblioteca. Una vez reunida la suma indispensable compran un armario y en ella encierran los libros bajo llave creyendo, sin duda, que con tener así guardados los libros el obrero se vuelve más consciente.

[...]

Ahora prosigo: cuando un socio solicita llevar un volumen a su domicilio, le contesta la comisión Administrativa que los libros no pueden salir del local y que si quiere leerlos vaya a la secretaría de 8 a 10 p.m.

De este modo los libros sirven tan solo para adorno y no para instrucción, pues aunque seamos aficionados a la lectura, no todos tenemos tiempo de ir hasta el Centro.

Las comisiones administrativas no deben ignorar que, por causa de las muchas horas de activo trabajo, llegamos a nuestras casas rendidos de cansancio.

Sin embargo, cuando venciendo la fatiga nos costeamos la caminata hasta el local, por más que tengamos la idea de leer, sucede que en lugar de hacerlo nos ponemos a discutir asuntos del gremio y cuestiones del ideal. No pretendo decir con esto que sea mala la discusión pues estoy convencido que de ella, cuando es sincera y franca, sale la luz, sino afirmar que en las Sociedades de resistencia es imposible leer. Desafío a cualquier bibliotecario a que me presente diez lectores mensuales.

He hablado con varios bibliotecarios haciéndoles ver la conveniencia de cambiar de sistema, me han contestado que muchos compañeros se quedaban con los libros.

Replicaré yo que exajeran [sic] las cosas y que si algunos no cumplen con su deber, es, en la mayor parte de los casos, la culpa de cualquier amigo a quien habrán facilitado el volumen, bajo la expresa condición, no respetada, de restituirlo.

Luego un libro de propaganda nunca se pierde, pues, por cualquier parte que vaya llenará su misión. Los libros son como los idiomas, y si no se esparcen resultan de poco provecho.

Las sociedades de resistencia en vez de juntar un fondo de reserva o constituir un Banco Huelguista, deberían dedicar su dinero a la compra de libros y hacerlos circular de mano en mano. De este modo, el fondo de reserva, en vez de estar en poder del tesorero o depositado en cualquier caja, estaría en la conciencia de los obreros.

Ellos, entonces, se darían cuenta del poder y de la rebeldía y de la unión y, en lugar de huelgas aplastadoras de energías que duran dos o tres meses, las tendríamos breves y vigirosas que, en pocos días asumirían un carácter decisivo, ante el cual se encontrarían impotentes los patrones.

Nicolás Belmonte47

No hubo repercusiones posteriores los días siguientes a la publicación del texto. Pero sí aparecen publicadas en la prensa varios pedidos de devolución de libros adeudados de distintas bibliotecas, por lo que, efectivamente, la morosidad en los préstamos era habitual. Por otro lado, este hecho implicaría que las bibliotecas eran consultadas por más gente, ya que es difícil presuponer que todas las personas que hicieran uso de las bibliotecas fueran morosas. Lamentablemente solo tenemos un pequeño índice de estadísticas de la biblioteca del gremio de pintores48, del año 1899, cuando todavía no habían crecido más bibliotecas en los grupos y centros socialistas.

Pero más allá de los números, que siempre son parciales, el artículo ilustra otra problemática inversa a la esperada: la discusión sobre la coyuntura política o gremial, relegaría las lecturas dentro del espacio de la biblioteca.

Palabras finales

En este trabajo se buscó reponer el universo específico de las bibliotecas de centros de estudios sociales y sociedades de resistencia, en un escenario de proliferación de iniciativas dentro una red de organizaciones que multiplicaron la cantidad de experiencias culturales llevadas a cabo en nombre del ideal libertario en la Argentina en el período entre siglos, que tuvieron un fuerte arraigo y que explica por qué, hasta el día de hoy, continúa siendo un tema muy estudiado en diversas disciplinas.

Además de la percepción de la necesidad de que la biblioteca sea una herramienta específica dentro de los distintos proyectos emprendidos, se puede observar una doble concepción: por un lado, en muchos de los discursos había un cierto consenso en el alto valor otorgado a las bibliotecas, como vía para mejorar el nivel intelectual de la clase obrera y de potenciar su accionar revolucionario; por otro lado, las dificultades existentes para que estas organizaciones, una vez desarrolladas, pudieran cumplir con los objetivos esperados. Esta doble concepción, de alguna manera, todavía ocurre en la actualidad.

Dentro de la profusa producción libresca y folleteril llevada adelante por los diversos grupos anarquistas, no se encuentra un solo título que refiera a estas temáticas. Solo, como hemos visto, el tema está presente en artículos de prensa y en un par de conferencias. Si bien no fue una preocupación central, estuvo muy presente como práctica, como puede verse a partir de la proliferación de experiencias durante el período estudiado. Probablemente, al proseguir con la búsqueda de fuentes se amplíe ese impacto de las bibliotecas, en particular en el interior del país, donde quizás la biblioteca de la organización anarquista local fuera la única o una de las pocas en una determinada localidad.

Podemos finalizar argumentando que, a pesar de que es difícil aseverar que las bibliotecas tuvieron un fuerte impacto en la formación de una gran cantidad de individuos, si ponemos en conjunto las múltiples experiencias se evidencia un fenómeno nada desdeñable. Y es por ese motivo que también muchas personas, militantes que hoy en día permanecen en el anonimato, se esforzaron por fundarlas, sostenerlas y criticarlas.

Organizativamente, la centralización existente en Partido Socialista, más la acción de algunas figuras dentro de la organización -como Ángel M. Giménez- han hecho que hoy en día queden más rastros del funcionamiento de las bibliotecas y de su importancia en esos años, marcadas por un impulso más sistemático y con criterios más cercanos a la Bibliotecología, para que puedan tener un mejor funcionamiento.

A partir de 1908, año en el que se restablece la protección estatal para las bibliotecas populares -probablemente para reorientar la dirección de las bibliotecas e impedir la propagación de ideas críticas en un período de ebullición de las mismas49- se produce una modificación en el escenario, que será motivo de las próximas investigaciones. Según sostiene Nicolás Tripaldi, las bibliotecas socialistas se enmarcan, no sin tensiones, dentro de la estructura de la Comisión Protectora, mientras que las anarquistas se mantuvieron refractarias50.

Por otra parte, no hemos podido encontrar “lectoras” o “bibliotecarias”. El lenguaje de las fuentes nos llevaría a concluir, quizás erróneamente, que muchas de estas bibliotecas estaban organizadas, dirigidas y consultadas por varones. Tampoco hay un caso análogo al de la Asociación de Bibliotecas y Recreos Infantiles socialista o que haya bibliotecas organizadas u orientadas especialmente hacia las mujeres en los círculos anarquistas o en las asociaciones gremiales.

Muchas de las problemáticas o interrogantes que se presentaban ¿Qué libros? ¿Para quienes? ¿Cómo hacer para que las bibliotecas alcancen un mayor número de lectores?, entre otros, no solo estuvieron presentes en las “bibliotecas obreras”, sino que atraviesan a muchas instituciones con colecciones de libros, revistas, folletos y otro tipo de acervos. Estos interrogantes permanecen hasta la actualidad, donde también se evidencia una distancia entre el discurso aclamador y reivindicador de la biblioteca, y las potencialidades en el desarrollo de las mismas.

Fuentes primarias

Impresas

El gráfico

El látigo del carrero

El obrero albañil

El pintor

La organización

La Protesta

La Protesta Humana

La Vanguardia

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Una versión de este trabajo fue presentada en el “I Congreso Internacional de Investigadorxs sobre anarquismo”, realizado en Buenos Aires, 26, 27 y 28 de octubre de 2016.

Una versión de este trabajo fue presentada en el “I Congreso Internacional de Investigadorxs sobre anarquismo”, realizado en Buenos Aires, 26, 27 y 28 de octubre de 2016.
M. Foi, “Bibliotecas Obreras”, La organización, marzo de 1903, 2.
Una conceptualización precisa sobre las características específicas que adquirieron las bibliotecas populares en la Argentina puede encontrarse en la introducción realizada por Javier Planas “¿Qué es una biblioteca popular?” en su libro Libros, lectores y sociabilidades de lectura: una historia de los orígenes de las bibliotecas populares en la Argentina (Buenos Aires: Ampersand, 2017), 17-28. Allí el autor señala que resulta imprescindible comprender a las bibliotecas populares como la manifestación de la articulación entre el poder estructurante del Estado y el espacio creativo de la sociedad civil. Además destaca, entre otras características, la autonomía administrativa y la libre elección de las obras dentro de estas bibliotecas como rasgos definitorios, además de la creación de un espacio de sociabilidad con particularidades propias en lo relativo a la circulación social de la lectura.
Sergio Pastormelo, “1880-1899: el surgimiento de un mercado editorial”. En Editores y políticas editoriales en Argentina: 1880-2000. Dir. José Luis de Diego. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006), 2.
Algunos de los estudios señeros en el análisis de cultura de izquierdas de entre siglos son: Horacio Tarcus, Marx en la Argentina: sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos (Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2007); Dora Barrancos, Anarquismo, educación y costumbres en la Argentina de principios de siglo (Buenos Aires: Contrapunto, 1990); Dora Barrancos, La escena iluminada: Ciencias para trabajadores (1890-1930) (Buenos Aires: Plus Ultra, 1996); Juan Suriano, Anarquistas, Cultura y política libertaria en Buenos Aires: 1890-1910 (Buenos Aires: Manantial, 2001). Otros estudios recientes ampliaron el desarrollo de algunos puntos, por ejemplo: Martín Acri y María del Carmen Cáceres, La educación libertaria: en la Argentina y en México (1861-1945) (Buenos Aires: Anarres, 2011).
Mariana Di Stéfano, El lector libertario: prácticas e ideologías del anarquismo argentino (1898-1915) (Buenos Aires: Eudeba, 2013), 46.
Junto con la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Municipal Bernardino Rivadavia y la Biblioteca de la Merced. Adolfo Martínez, “el movimiento intelectual argentino”, La Nación, 07-08/01/1887, citado por Adolfo Prieto. El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna (Buenos Aires, Siglo XXI, 2006).
Para ahondar en el estudio de las primeras bibliotecas populares, la política sarmientina, la labor de la Comisión Protectora y diversas problemáticas relacionadas con el sostenimiento de estas asociaciones y determinadas concepciones y prácticas vinculadas, se recomienda la lectura de los trabajos de Javier Planas, entre ellos, el citado Libros, lectores y sociabilidades de lectura.
Un ejemplo de ello es que en la sede del club Vörwarts (uno de los grupos que contribuiría a la consolidación del socialismo vernáculo) funcionaba una biblioteca. En el caso del Partido Socialista, esa tarea fue evidente desde el comienzo, ya que el que sería el periódico partidario, La Vanguardia, editorializa lo siguiente en el año de su lanzamiento: “Pero fuera de la acción política, necesitamos contribuir a levantar el nivel intelectual de la clase trabajadora, y para eso cada centro obrero debe ser un centro de instrucción, en que lo mismo se pronuncien discursos y se lean conferencias, que se enseñe a leer al compañero que no ha aprendido aún”. Citado por Ángel Giménez, Páginas de historia del movimiento social en la República Argentina (Buenos Aires: La Vanguardia, 1927), 60.
Nicolás Tripaldi, “La política y los centros de lectura: los socialistas fundan sus primeras bibliotecas en la ciudad de Buenos Aires. Revista de Biblioteconomía de Brasilia, volumen 20, n° 1 (1996): 41-51. El autor profundiza el desarrollo de las bibliotecas socialistas en: “Origen e inserción de las bibliotecas obreras en el entorno bibliotecario argentino: fines del siglo XIX y primer tercio del siglo XIX”, Libraria, año 1, nº 1, 1997: 22-37. Tripaldi realiza, además, un estudio sobre los catálogos de la Sociedad Luz y de la Biblioteca Obrera, publicados en la década de 1910 en “Un aporte al estudio de la estructura de las colecciones y la acción cultural de las bibliotecas obreras argentinas”, GREBYD noticias, volumen 6, nº 2-3 (1995): 2-12.
Juan Antonio Solari, Biblioteca Obrera “Juan B. Justo”. 80 años al servicio de la cultura popular. (Buenos Aires, 1977), 10.
“Las bibliotecas obreras y socialistas de Buenos Aires”, La Vanguardia, 24 de febrero, 1916, 4-5.
“El local del Centro Socialista Obrero de Buenos Aires”, Almanaque Socialista de la Vanguardia para 1903, 1902, 110-111. A pesar de tener estos datos, lamentablemente no poseemos números de quiénes consultaban la biblioteca, fuera de los socios, pero creemos, en vista de la cuantiosa cantidad de volúmenes contabilizados como registrados, que los lectores excedían la cantidad de socios.
Enrique Dickmann, Biblioteca Obrera Juan B. Justo: cincuentenario de su fundación, breve reseña de su historia (Buenos Aires: 1947), 10.
“El local del Centro Socialista Obrero de Buenos Aires”, 110-111.
Ángel M. Giménez, Nuestras Bibliotecas Socialistas (Buenos Aires, L. J. Rosso, 1918); Ángel M. Giménez. Nuestras Bibliotecas Obreras (Buenos Aires: Sociedad Luz, 1932).
Nicolás Tripaldi. “Las mujeres de la política, los niños de la calle y las bibliotecas: apostillas bibliotecológicas sobre el tema de la Asociación de Bibliotecas y Recreos Infantiles”, Información, cultura y sociedad, n.o 7 (diciembre de 2002): 81-101.
En una semblanza de algunas de las bibliotecas más representativas, en 1916, desde las páginas del periódico partidario se aseguraba que “El origen de las bibliotecas y centros de cultura popular de la capital federal data de la época de la fundación del Partido Socialista. Antes de esa época, unos veinte años atrás, no había sino dos o tres bibliotecas obreras” En: “Las bibliotecas obreras y socialistas”, La Vanguardia, 4.
Juan Suriano, “Anarquistas”, 107-108
Roque Acadio, “Algo sobre bibliotecas: capital social inmovilizado”, La Protesta, 11 de Mayo, 1904, 1.
“Bibliotecas populares: Libros al cesto”, La Protesta, 4 de septiembre, 1904, 1-2.
“Un lector de la protesta, muy interiorizado con lo que pasa en la Biblioteca Nacional, nos confirma por escrito los cargos que en contra de ese establecimiento hemos formulado, asegurando que es una casa de lujo poco útil. Ese lector afirma además que ha acudido a la biblioteca, en busca de los boletines de compra y venta de libros científicos que aparecen en Europa y no ha podido encontrar ninguno de fecha reciente, siendo los últimos de dos años atrás, pues los posteriores se encuentran en la encuadernación, donde almacenan los libros. Resulta pues, que como consulta todo es fiambre en la Biblioteca Nacional, en cuanto a catálogos. ¡Ni siquiera eso! Hen[sic] más: muchas de las revistas que se publican en el país tampoco se encuentran en la biblioteca.” En: La Protesta, 6 de septiembre, 1904, 2.
La Protesta Humana, 13 de febrero, 1898. Se anuncia, además que “Intervendrá el estudiante de ingenieros [sic] Julio Molina y Vedia con el tema siguiente: Necesidad de las escuelas libertarias en el país”.
La Protesta Humana, 2 de febrero, 1901. Lamentablemente, no hemos podido rastrear alguna crónica o síntesis de ninguno de los dos eventos.
El obrero albañil: órgano de la sociedad de resistencia entre obreros albañiles y anexos, 7 de octubre, 1900, 2.
“recomienda muy especialmente a la Comisión Administrativa, la creación de una biblioteca destinada exclusivamente a la educación societaria de todos los asalariados. Para los mismos fines también se podrán editar folletos, recopilar artículos, dar conferencias, etc., etc. a fin de conseguir la mayor ilustración de la clase trabajadora. Así mismo [sic] se recomienda a todas las sociedades formen Bibliotecas y traten en lo posible de mejorar todo sentido la educación e ilustración de sus asociados”. Citado por Edgardo Bilsky, La FORA y el movimiento obrero (1900-1910) (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1985), 203.
M. Foi, “Bibliotecas Obreras”, La organización, marzo de 1903, 2.
La Protesta, 12 de noviembre, 1899, 4.
La Protesta Humana, 17 de abril, 1898, 3.
La Protesta Humana, 7 de abril, 1898, 3.
La Protesta Humana, 24 de diciembre, 1899, 4.
Anuncio de la Sociedad Cosmopolita “Unión Obrera” de Campana. En: La Protesta Humana, 17 de mayo, 1902, 4.
Anuncio del Centro Miguel Bakunin de Córdoba. En: La Protesta Humana, 8 de julio, 1900, 3-4.
La Protesta, 9 de junio, 1904, 4.
La Protesta, 11 de julio, 1903, 4.
La Protesta, 18 de julio, 1903, 4.
La Protesta, 9 de septiembre, 1904, 3 [y en varios números más].
“Una de las obras en que siempre hemos acariciado con amor [sic], fue el dotar a nuestra biblioteca de buenos libros, amenos e instructivos, para que los compañeros, sin tener necesidad de hacer gasto alguno, puedan leerlos tanto en secretaría, como llevárselos a su domicilio, con el solo compromiso de devolverlos en buen estado, a fin de que todos puedan aspirar la sabia [sic] del saber. Hacemos aquí una reseña de los que con que [sic] actualmente está formada nuestra biblioteca y que los compañeros pueden disponer siendo todos libros de autores de reconocida celebridad. Por E RENAN: El porvenir de la Ciencia (2 tomos), San Pablo, Los Apóstoles (2 tomos), Vida de Jesús, Estudios Religiosos, La Iglesia Cristiana, Los Evangelios (dos tomos), el Anticristo (dos tomos). / Por L. Buchner: Fuerza y Materia, y Luz y Vida / Por E. Ibsen: La comedia del amor, Los espectros, Emperador y Galileo, Juliano Emperador. / Por C. Malato: Filosofía del anarquismo, Revolución Cristiana y Revolución Social. / Por V. Alfieri, La Tiranía / Por E. Boetie [revisar], La esclavitud voluntaria / Por M. Kant, Por la Paz Perpetua / Por R. Lamenais, Pasado y porvenir del pueblo / Por R. Rousseau, El contrato social / Por M. Bakounine, Federalismo y socialismo / Por C. Beccaria, Del delito y la pena / Por H. Spencer, Instituciones domésticas / Por Voltaire, Sobre la Tolerancia / Por E. Zola, El Doctor Pascal, El Ensueño, Sidonia y Mederico / Lourdes (dos tomos), El Dinero, El Mandato de la Muerte, Como se muere, Los Misterios de Marsella, La verdad (2 tomos), El Trabajo (2 tomos), La Debacle (2 tomos), La Bestia Humana, Fecundidad (2 tomos), París (2 tomos), Nana, Roma (2 tomos) / Por S. Faure: Dolor Universal (2 tomos) / Por López Ballestero: Junto a las Máquinas / Por H. Suderman: El Deseo, El Molino Silencioso / Por J. Grave: La sociedad futura (2 tomos), La sociedad moribunda / Por H. Robert: los cachivaches de antaño / Por E. Reclus: Mis exploraciones en América / Por B. D’Holbach: Jesús, Moisés y Mahoma / Por A. Laugal: Los problemas del alma, Los problemas de la vida, Los problemas de la naturaleza / Por C. Marx: El capital / Por A. Schopenhauer: La libertad, El amor, las mujeres y la muerte / Por H. Spencer: origen de las profesiones, Creación y evolución; Por Frabaquer: La expulsión de los jesuitas / Por Mirabeau: Sebastián Roch / Por López Montenegro: Botón de fuego / Por V. Nícoli: Cooperative Rurale (en italiano) / Por V. Garchine: La guerra / Por J. Krassewski: Roma bajo Nerón / Por E. Souvestre: Los pecados de la juventud / Por J. Ingenieros: la simulación de la lucha por la vida / Por H. Conway: la casa roja / Por T. Dostoiewski: Los presidios de Siberia, El Jugador / Por A. Ghiraldo: La tiranía del frac / Por S. Suñé: Orientación sociológica, Diccionario filosófico / Voltaire: en seis tomos / Por C. Flamarión: Excursiones al cielo, El mundo de los sueños, Curiosidades de la ciencia, Lo desconocido / Por Chamfor: Cuadros históricos de la Revolución Francesa / Por Severine: Páginas rojas / Por E. George: Progreso y miseria (dos tomos), Los problemas sociales / Por Víctor Hugo: Dios, El hombre fiera, Historia de un crimen, Los trabajadores del mar (2 tomos), Noventa y tres (2 tomos), El hombre que ríe, El sueño del papa, El hermoso Pecopín, El año terrible, Los miserables (5 tomos) / Por Volney: Las ruinas de Palmira / Por L. Tolstoy: La guerra ruso-japonesa / Por C. Darwin: El origen del hombre, la expresión de las emociones (2 tomos), Mi viaje alrededor del mundo (2 tomos), El origen de las especies (3 tomos).” En: El látigo del carrero: órgano defensor del gremio de conductores de carros, 15 de enero, 1906, 3.
El gráfico: órgano de las Sociedades de Resistencia que forman la Federación de las Artes Gráficas de Buenos Aires, enero, 1905, 4. Unos números antes la publicación anuncia la compra de libros -no están mencionados los títulos- con una parte del dinero recaudado para ese fin. Luego, aplazaron la compra por encontrarse llevando a cabo una huelga.
Alfredo Cónsole, El bibliotecario y la biblioteca: fundación y organización de las bibliotecas populares (Buenos Aires: Librería de A. García Santos, 1929), 69-70.
La Protesta Humana, a.3, no. 71, 12/11/1899, 4
La Protesta Humana, no. 33, 17/04/1898, 3.
Por ejemplo, en la Casa Obrera Gremial, de los barberos, se estableció una peluquería cuya ganancia iba a estar destinada al periódico El Barbero y la “Biblioteca Obrera”. En: La Protesta Humana, 3 de octubre, 1903, 4.
Donativo.- La compañera Barrios nos ha obsequiado con dos libros sobre la vida de Cristo, con destino a la biblioteca de consulta que se propone formar la redacción de LA PROTESTA”. En: La Protesta, 21 de junio, 1904, 3.
Aviso.- Se ruega al compañero que haya llevado prestado el segundo tomo de la «Historia de España» por de La Fuente, tenga bien de devolverlo en esta administración por quedar incompleta la colección. En: La Protesta, 07 de agosto, 1904, 4.
A modo de ejemplo: “Libros recibidos: de la casa «Sempere». En la Biblioteca de LA PROTESTA se han recibido los siguientes libros de los cuales algunos estaban agotados. Draper «Conflictos entre la religión y ciencia», Kropotkine, «Campos, fábricas y talleres», E. Reclús «Evolución y revolución», el comandante «así hablaba zorapastro», Michelet «La revolución francesa», Augusto Laugel «Los problemas del alma» 1 tomo H. Spencer «El individuo contra el Estado» 1 tomo, Melchor Yuchofer [sic] (jesuita), «La monarquía jesuita» 1 tomo, Manuel Ugarte «Visiones de España» 1 tomo (teniente). O Bilse, «Pequeña Guarnición» Novela denunciada y prohibida en Alemania. En: La Protesta, n.333, 29/06/1904, 4 [los destacados en el original]. Otro ejemplo: “Bibliografía. Hemos recibido: La revista blanca - Ha llegado a nuestra mesa de redacción el número 141 de esta ilustrada revista. Como siempre trae un variado material de lectura. La Ingeniería - Órgano oficial del «Centro Nacional de Ingenieros». Hemos recibido por primera vez esta ilustrada revista técnica de Ingeniería. Dejamos establecido el canje. En: La Protesta, 1 de junio, 1904, 4.
La Protesta, 8 de octubre, 1904, n,418, 3.
“Durante el mes de agosto pasado se ha notado un aumento considerable en el número de lectores, siendo el movimiento de libros el siguiente: Literatura y Arte............. 56 Ciencias Sociales...........23 Historia...........................16 Estadística y comercio.....2 Total ….........................111 Total movimiento en general 149 El número de personas que han asistido a la sala de lectura a leer revistas y periódicos y consultar libros asciende a 232, siendo el día de mayor asistencia el 17, en que concurrieron 16 personas. Se han comprado varios libros, y también su número ha sido aumentado por varias donaciones, haciéndose nota, por su importancia, la educación del niño, el positivismo comtianno y Edmundo (ensayo didáctico) del Sr. Víctor Mercante que ha sido donado por el autor”. En: El pintor: periódico defensor del gremio, 10 de septiembre, 1899, 4.
A partir del restablecimiento, se instaura una categoría intermedia que son las “bibliotecas elementales”, que completarían las colecciones de las bibliotecas populares con “obras referentes a nuestras industrias madres -ganadería y agricultura- y libros elementales de ciencias y de ciencias aplicadas”. Además, se espera que “Las bibliotecas populares, con libros sanos, con producciones nacionalistas, con diversos elementos coadyuvantes, pueden ser factores computables en el desarrollo ulterior de la nación”. En: Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, Memoria de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares 1915-1916 (Buenos Aires: La Comisión, 1917).
Nicolás Tripaldi, “Origen e inserción”, 1997.